Suele estar siempre disperso, nunca había estado tan atento a lo que correspondía, la desgracia de haber nacido en este mundo sin una respuesta clara, actuando en esta obra sin un guión ni un papel exacto, jugando a todo y a lo que todos juegan.
Sin claridad en las ideas pero demasiada versatilidad en la búsqueda de los sueños, con el pesimismo que caracteriza el que lo quiere todo y se da cuenta que no tiene nada. Sin coordinación entre el tiempo que pasa y la música que suena abrigando a mis oídos, creando situaciones y vivencias quizás en otros territorios en otros Estados. Sin el pasaje comprado pero sabiendo que no me quedaré abajo del embarque de almas, de personas que caminan mirando siempre el horizonte y pensando acerca de lo que sus ojos ven.
Sin condiciones ni modos, sin reacción ante la acción, la falta de precisión en el entender este juego sin reglas. La admiración contenida de genios, filósofos, y actores sociales de siglos pasados. El romanticismo de una Nación en la cual no me tocó vivir y nunca llegó a existir, considerando que mis mejores amigos de tertulia que podría haber tenido ya se encuentran bajo tierra o quizás donde.
La normalidad de mi distinción sofisticada e incomprendida por aquellos que no viven ni piensan como yo, el consuelo diario de no encontrarme solo. Y las pequeñas cosas que me hacen ser feliz, cómo correr atrás de un balón, leer, reírme de cosas sin sentido e imaginar el futuro.
Sólo te pido calma aunque nunca te he visto ni me haz hablado, si estás ahí mantente en silencio guiando mis pasos y abriéndome el camino más interesante, tu que todo lo puedes, dame el coraje y el honor de ser un caballero sin trono ni tierras, simplemente quiero ser un romántico viajero.
domingo, 5 de septiembre de 2010
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