Ella no me conoce, aunque hemos hablado en más de una ocasión ella definitivamente no me conoce. No ha visto jamás mis ojos convertirse en cristal cuando escribo sonetos como estos. Jamás sabrá que soy amante de mil mujeres en el día, cuando voy, cuando vuelvo, en el metro en la universidad. Ni siquiera sospecha que sueño cada día con morder sus labios tan bien formados, su pelo es mi perdición, sus caderas que dejan un extenso valle cada tarde en los dominios de mis sueños, mi pobre colchón. Ella no se imagina cuantas veces miro sus fotos y me traslado a otras dimensiones sumergiéndome en las imagines que observo, imaginándome por ejemplo, que aquella hermosa cara está realmente frente de mi, y no es, solo un vidrio que trasluce megaherts o lo que sea. Ella no sabe, tú no sabes, realmente mi amor, que vivo para escribir, y escribo para ti.
Cristóbal Soto.
sábado, 17 de abril de 2010
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