Alberto, quiero confesarte que hoy pedí perdón, mire a los ojos del viejo Matías, y le dije me disculpara por no poder darle lo que merece, un hombre viejo, dedicado al trabajo toda su vida, sus arrugas son surcos que guardan sueños no cumplidos, que con lagrimas de sus ojos riega, poco fecunda la sociedad, abono ineficaz, para un ser que vive de dolor y de resignación, tan sereno cuando camina, el suelo no lo siente, tanta dulzura hay en sus ojos, es casi imposible mirarlos sin conmoverse, esas manos, que tanto han labrado, solo merecen caricias, atrás debería quedar el tiempo de palas, mangueras, rastrillos y otros utensilios, pero Matías, te juro que cuando tenga algo de poder, voy a convertiros en un rey, que domine todo lo que vea, te voy a entregar un lecho de seda, te vestiré de tinta y punta, te enseñare a escribir, para que escribas una carta a mis hijos, así podrán comprender que es bueno dar, que es sublime dar, hasta que duela, oh Alberto.
Cristobal Soto.
sábado, 20 de marzo de 2010
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