Esquivo cómo la más bella, se paseaba cómo señor y dueño, sin suelos ni tronos, aseado de dolores, caminaba gritando a viva voz que el mundo le pertenecía, contaba las estrellas durante toda la noche, soleado y abrigado sin ropaje, a la deriva su locura, las botellas su cordura, sin más riquezas que su vida, la bajeza de esta sociedad perdida.
Sebastián Calderón.
sábado, 20 de marzo de 2010
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