Oscuridad en el valle onírico.
Entre encanto y desencanto, así andan mis días en este pantano, cae sobre mis hombros el sollozo oculto del amanecer, el día se me escapa por la mañana y regresa burlándose de mi por la noche, entre ruinas y vitrinas se mueven mis inquietos ojos, perdido entre la bruma negra avanzo cauto, sin venganza ni horror contengo mi semblante decaído por el cansancio injustificado, risas falsas me rodean, tranquilas por la noche las envidias merodean, conejos cojos corren sin prisa pero con temor, desde arriba alguien los observa con precaución, espantosos episodios se estrenan en este lugar al día a día, placeres sin cordeles juegan a la escondida, nidos de mudos matan con los gestos y miradas, cobardes optan por la vida, lentamente se van acabando los minutos, la agonía se hace presente, ante nuestros ojos no existe ningún ser omnipresente, roñosas carretas aparecen en los negros caminos, poco a poco se va manchando el valle, el sol se está escondiendo, el cielo se pone oscuro y triste, la luna coqueta lo va lentamente encendiendo, la muerte hambrienta aparece comiéndose a la vida, así transcurren los momentos, de luto está el tiempo, anacrónicos relojes se sumergen en el agua, mientras los brutos disfrutan de esta bella desgracia. ( Carlos Campos)
lunes, 27 de octubre de 2008
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